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Batman o Superman.

febrero 7, 2009

dk2
Hay veces en la vida en las que uno debe escoger. Hay decisiones que pueden cambiar tu vida y hay otras que simplemente ejecutamos sin pensar y que suponen el quehacer diario, sobre todo en la vida de un adulto.

Pongamos un ejemplo: Eres madre soltera (toma castaña), llevas a tu hija pequeña todas las mañanas al colegio. Con todo el ritual que conlleva, la despiertas a su hora, le preparas el desayuno, la vistes, quizás hasta le lavas la cara y la conduces al lugar de aprendizaje. Es un acto trascendente el tomar el camino de la responsabilidad y la maternidad con la más pequeña de tu camada.

Pero vayámonos ahora a esas otras decisiones menos trascendentes y a las que nadie suele dar importancia y sigamos con el mismo ejemplo. Cuando despiertas a tu hija te dedicas a dar golpes para que se despierten las otras dos porque son muy perras (aunque en verdad dices otra palabra que empiezan por “p”), maldices durante todo el ritual de preparación matutino a sabiendas de que es tremendamente desagradable aguantar a alguien así tan temprano y durante todo el camino con tu hija pequeña al lado vas fumando el primer cigarro de la mañana. Eso sí alejado de tu cara porque sales a la calle con el pelo chorreando y no quieres que te coja olor. Es decir, sabes que el olor a tabaco molesta, eso es importante. Como ven el panorama ha cambiado y tan solo por esos pequeños detalles.

Y es que el tomar una decisión a pesar de todo lo escrito sobre el tema, se puede reducir a esta disyuntiva: Hago lo que quiero o hago lo que está bien. Como desechamos todas las demás variables al igualar la gravedad de todas las decisiones a cero se adquiere una dimensión nueva en tu vida:

• ¿En qué tono le doy los buenos días?
• ¿Miro a los ojos a la gente mientras me hablan?
• ¿Me importa si le molesta a alguien el humo de mi tabaco?
• ¿Me importa si le molesta a alguien el volumen de mi música?
• ¿Llamo a la policía porque mi vecina no deja de dar golpes y llamar “puta” a su hija?
• ¿Digo lo que realmente pienso de política o dejo que me sigan hablando?
• ¿Digo lo que pienso de ellos o les sigo hablando?
• ¿Cuando bajo las escaleras hago mucho ruido?

Y así un larguísimo etcétera de cuestiones vitales y novedosas. Unas decisiones nos harán mejores personas y otras peores. Pero sólo adquirir el rol adecuado para cada una de ellas nos hará felices. Y es que al final efectivamente todo se puede quedar en si seré Batman o Superman. ¿Cuál de los dos debe acompañar a una hija al colegio? ¿Cuál de los dos debe tratar con el hijo de puta del butanero? ¿Cuál de los dos es el que saco a la calle? Porque… ¿Soy capaz de ir intercambiándolos rápidamente o me pongo unas mallas por las mañana y pa’ lante?

Lo admito, vivo en una ciudad sin empatía, donde la mala educación y la falta de respeto es motivo de gracieta. Pero oigan, lo que realmente me molesta es mirar atrás y ver que cuando debí ser Batman fuí en verdad Superman. Y sé que me equivoqué porque uno es capaz de soportar los golpes y otro no.

(El dibujo es evidentemente de sagrav y he de añadir que no sabía que se pudiera hablar tanto sobre el DK2.)

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