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La historia de el pobre hombre.

junio 11, 2012

Desde Noviembre pasado arrastro un problema de salud. El causante de ese problema tiene un único remedio: se llama distancia y silencio. Apremiado por la necesidad, aparco todos mis planes, unos propios y otro que me hacía una ilusión rayando lo infantil en la que llego a invertir mucho dinero (mucho, en porcentaje del que yo tengo) y comienzo una búsqueda lo más eficaz posible de trabajo como dibujante porque, básicamente, es la mejor opción, la que tiene más posibilidades y lo que me va a permitir recuperar esos planes mencionados. Además, es lo que quiero hacer, qué demonios.

Tarjetas de visita, mails indiscriminados, boca a boca, soltar lastres… pruebo todo lo que se me ocurre aún no apeteciéndome lo más mínimo. Sobra decir que no consigo nada. Entonces aparece la persona a la que nos referiremos como el pobre hombre.

El pobre hombre ve mis dibujos porque en esa vorágine en la que yo andaba se los enseño. Me cuenta entusiasmado que lleva una revista y me pregunta si yo quiero colaborar a lo que respondo “Sí,…bueno.”, en espera de comprobar la calidad de la misma, ya que conozco el mundo amateur y no me suele gustar su calidad. Acto seguido, el pobre hombre me dice que conoce a mucha gente, haciendo un hincapié en el “mucha” y regodeándose en la calidad editorial del “gente”. Hace tanto hincapié que, por un momento, siento que está malgastando mi tiempo. Sobre la marcha cambia su opinión sobre mi colaboración y me comenta que entre la mucha gente que conoce, hay uno que quiere adaptar un relato a formato comic. Que es un escritor famoso. Uno de los muchos que conoce y otro de tantos con los que se codea. Al día siguiente me promete que me pasa el relato y que se lo comenta al escritor famoso. Le pido el nombre del escritor, me lo da y se despide al fin. Digo al fin porque aplico el principio básico que gobierna mis relaciones a través de internet y este es “Si mi vida fuese como yo quiero no tendría tiempo de andar por internet”. Por tanto, su efusividad no me afecta.

Antes de acostarme busco el nombre del autor, ya que no lo conozco. Me digo que es normal porque, en fin, leo comics, tantos que si no tengo nuevos releo. No siento la necesidad de estar al día del mundo editorial de las novelas. Veo una entrevista y me gusta su voz y lo que dice. Me quedo más tranquilo.
Leo el relato al día siguiente. Me gusta, es un Constantine a la española (cosa que ya va tocando) y tiene mérito que yo me lea una historia de ruleta rusa con la enorme pereza que me producen.
El siguiente paso es consultar a la persona que más lee de todas las que conozco. Tampoco conoce al escritor famoso, pero me dice que eso es normal, que no está al día de las novelas que se publican o al menos no de todas. Y resulta que no son pocas. En fin, el pobre hombre me pide un diseño del personaje. Mal, porque en el relato no hay una descripción física y no me da ni una puñetera pauta. Dibujo a un Constantine español por encima y de aquella manera. Lo mando y me dice que se lo ha mandado al escritor famoso y que en cuanto le responda me lo pasa.

Entremedias, me ofrece otro proyecto, la portada de una novela de un amigo que quiere publicar en una editorial aún por crear. Me intereso al fin de una manera activa por la revista en la que publica relatos no remunerados de tantos colegas famosos y por la novela que es una segunda parte. La revista sólo la encuentro en Amazon y para leerla hay que pagar. Mal, por lo de pagar y por no poder verla. La novela, el autor y muchos más datos sobre este nuevo tema son fáciles de encontrar. No me gusta lo que veo y lo que leo, no a un nivel despreciativo, simplemente hay que ser muy como otros para engancharme y no lo es. El proyecto consiste en emular el estilo de la primera parte de la novela que fue editada por una editorial al haber participado en un premio que ya no recuerdo si gana o queda finalista o qué sé yo, la verdad es que tantos datos me aburren y creo que son una maraña para no ver lo importante de las cosas, así que los ignoro pues tengo la sensación de que están moviendo demasiados hilos ante mis ojos, mejor apartarlos. Indico que si bien puedo imitar cualquier estilo, pues es algo que me resulta fácil, el rollo cabezas flotantes y space opera digital no puede ser más que un desperdicio de mis habilidades. No es lo mío, no me gusta y hay otras cosas que se me dan mucho mejor. Asimismo, recomiendo buscar a uno de los miles de dibujantes digitales que pululan por la red. Yo puedo ayudar en el casting. El proyecto viene acompañado de un diseño del propio escritor, que resulta que también dibuja. La idea es que, respetándolo, yo lo mejore. No me gusta el diseño y no empatizo con las destrezas artísticas de esta persona. Así lo indico. Y cuando creo que va a venir un mosqueo por tal apreciación, lo que viene es un suspiro de alivio. Al pobre hombre tampoco le gusta, y me dice que tengo libertad para hacer otra cosa a lo Frazetta, que es lo que yo recomiendo. De cualquier manera, sigo pensando que no soy la persona adecuada. Y me quedo en la recámara que no quiere que se encargue el estudio que hizo la primera portada porque tienen la fea costumbre de cobrar. Mal…

Llega la respuesta del escritor famoso sobre mis diseños de su personaje. Llegan a través del pobre hombre, sin comillas, con muchos “dice que…”. Evidentemente, según el pobre hombre, mi diseño no es lo que tenía en mente el escritor famoso. No me lo tomo a mal porque he de recordar que nadie me dio ni una puñetera pauta. Llegan las pautas al fin, y me propone una reunión, que yo había rechazado por pereza.

Para entonces ya he visto retazos de la revista, gracias a LA red social donde los publica. Me limito a observar a los hipotéticos compañeros de lápiz. No me gustan, la verdad. Yo no la compraría. También puedo comprobar que anuncia mi colaboración y asociación con la revista. Yo nunca he afirmado tal cosa. Pone dibujos míos en LA red social, para lo que me pide permiso antes. Le digo que puede compartir las cosas del blog, que para eso está el blog. Parece que escuche lo que quiere en vez de lo que digo, ya que escojo muy bien mis palabras. Y leyendo por aquí y por allá, encuentro un número indecente de halagos. Vomito un arcoiris. Asinus asinum fricat.

Llega la reunión. Me da la mano a lo colega. Mal. Me dice que yo elija el bar. Mal. Se queja del bar. Mal. Y charla de todo menos de los puntos importantes que estoy seguro que voy a aclarar esa tarde. Muy espaciados en el tiempo, los introduzco con calzador:

–¿De qué conoces al escritor famoso y cómo lo convences de que colabore contigo y no con cualquier editor de una editorial que sí existe de los muchos que debe conocer?
Su respuesta es que conoce a mucha gente. Vuelve a darme una retahíla de nombres que hace que me suba la náusea. La respuesta a cómo lo convence es un gesto. Un gesto de encoger los hombros y una sonrisita de “soy muy guay”. Mal, muy mal, la verdad.

–Dinero, busco ganar dinero, ya que me interesa adquirir tanta independencia económica como me sea posible.
Me responde a la gallega. Que eso habría que estudiarlo aún. Que según beneficios. Un blablabla que me resuena tan alto que casi me deja sordo y cambia de tema. Mal, pero mal de salir corriendo.

–Si esto saliese bien, ¿cómo pretendes que el escritor famoso y yo no corramos a prados editoriales más verdes?
Me divierto con los eternos segundos que necesita para encajar la pregunta. Busca una respuesta. La que sea. Y tanto la que sea, porque ya se encargará él de que eso no pase. Que traducido a mi idioma significa que sigue sin nombrar nada del estipendio.
Mosqueado, decido comprobar hasta qué punto tengo ante mí a un impresentable, no como editor: quiero saber qué clase de persona es.

–No me gusta la calidad de algunos de tus colaboradores ¿y a ti?
Me mira y arqueo una ceja tranquilo, sin nada que perder ya. Me responde que a veces pones cosas porque sabes que venden y otras simplemente hay que rellenar espacios.
Le discuto que eso es normal con una revista que sale a la calle, pero con una edición digital que se hace por gusto lo lógico sería buscar calidad y rodearte de personas a las que no solo aprecies como escritores o dibujantes. Mientras lo digo ya me doy cuenta que si lo ha hecho así es que no busca calidad, ni divertirse, ni un trabajo bien hecho, ni pollas en vinagre. Vuelve a haber un ruido desesperante que resumiré en “yo conozco a mucha gente”, vuelven a salir nombres, incluso extranjeros. Me aburro y vuelvo al ataque. Ahora insisto en su amigo de la novela, el de la portada. Le pregunto directamente si le gusta cómo dibuja. Me responde que no, un rotundo no. Le pregunto si le gusta cómo escribe, ya que le va a publicar una novela. Me responde que no. Esto es alarmante ya. Jamás se habla mal de alguien a quien pretendes publicar. Jamás. ¿Qué dirá de mí? No me conoce de nada y me dice que no le gusta su trabajo. Lo encuentro una barbaridad, pero estoy tan acostumbrado a tratar con quien no me apetece que no se me nota. Como si no fuera bastante, le repito algo de uno de mis mails, y es que para hacer una buena portada antes hay que leerse la novela. Para eso yo le pedí que le pidiese a su amigo algunos de los momentos más importantes de un número de páginas que se me antoja exagerado. Me devuelve una nota de prensa que me hace perder un minuto precioso de mi existencia. Vuelvo a ello y le digo que él debería leerse la novela y sacarme esos momentos cruciales. Bromeamos sobre la pereza que le da leérsela, debido a lo poco que le gusta. Nada va a impedir que al menos me ría con todo esto. De paso, doy gracias a Dios por no haber puesto en mi camino el número de amigos que tanto le solicito, mejor así, lo agradezco de corazón y me apeno y mucho al empatizar con el novelista-dibujante. Y quiero pensar, sinceramente, que me dice todo eso simplemente porque cree que es lo que yo quiero escuchar de él. Lo cual es una torpeza de aúpa. Lo cual me dice que me quiere convencer. Mal. No es cuestión de convencer, es cuestión de hablar claro y decidir, después de dar unas condiciones.

Evidentemente, me muestro débil durante todo el encuentro. Todo está mal, el mundo es muy malo. Ya saben. Buah, buah.

El proyecto podría llegar a buen puerto a pesar de el pobre hombre. Para eso necesito hablar con el escritor famoso. Me despido con una condición inapelable: que nos ponga en contacto inmediatamente. Si es un escritor famoso, no creo que no pretenda obtener un beneficio económico. Tranquilo con la calidad de su texto, quiero aclarar lo demás, pues podría quedar bien si me dejo el pellejo. Merece la pena, aún con el pobre hombre de por medio. Además, he reclamado que yo me encargo de la adaptación del relato a comic, es decir, yo hago la narrativa en viñetas. “Sin problemas” dice. Eso es raro, raro de cojones.

Al día siguiente es mi cumpleaños. Tic tac.

Ahora viene un mes, casi un mes. Entre halagos exagerados a mis dibujos, un día, de buenas a primeras, me dice que me olvide de la portada, que cree que ya hace tiempo que lo hice (tirito) y que hay otra persona. Pues vale.


Hago un diseño del personaje, ya con las pautas. Queda bien, me gusta y envío una foto del dibujo. La envío al pobre hombre porque quince días después aún no me ha puesto en contacto con el escritor. No entiendo que me ponga en la posición de volver a reclamárselo. Si no lo ha hecho es porque no le sale de los cojones o porque no lo conoce. Me preocupa mucho esa posibilidad. También le pedí un número de la revista (no voy a pagar por eso), que no me llega nunca, a pesar de que lo prometió. Eso también me preocupa.

Pasan unos doce o catorce días, mi memoria hace lo que puede. Tras atrasar todo lo posible la solicitud de un segundo encuentro por otras oportunidades más limpias, sanas, legales y satisfactorias, éstas no prosperan y quedo.

Me da la mano a lo colega, a pesar de que lo que se encuentra no es una mano en la posición adecuada para tal menester. Hablo más de cine y de videojuegos porque simplemente no me apetece este encuentro, no quiero nada hasta no hablar en plata con el escritor famoso. Pregunto sobre la foto de mi dibujo. “¿La ha visto el escritor? su opinión es la que cuenta.” “Sí, le ha gustado mucho.” “¿Le gustan los dibujos de tu amigo?” “Sí…”
Por favor, que me fulmine un rayo. Todo está mal. Vuelve a restregarme en la cara un pastel llamado tus dibujos son muy buenos. Me harto. Si mis dibujos fueran muy buenos, recibirían muchos más “me gusta” en LA red social o comentarios en el blog y no habría miles y miles de visitas buscando mujeres con pene, que es todo lo que hay. Mis dibujos, pobre hombre, solo te han atraído a ti. Quiero morirme. Hablo sobre un dibujo en concreto, el último, me indica que ni él lo ha visto. ¿Y para qué cojones lo tengo en LA red social? Jesús…

Ahora viene la gran cagada. La gran metedura de pata. Intenta convencerme, pues en el tiempo que he dejado transcurrir está claro que ve dudas por mi parte. No habla de dinero, ni de contrato, ni compromisos entre caballeros. Habla de fama, habla de que gracias al nombre del escritor famoso me llegarán más trabajos (que ya he de suponer remunerados al fin), habla de que el escritor famoso tiene leales que lo comprarán todo, cualquier cosa que lleve su nombre. Se relame un colmillo mientras lo dice y, al fin, todo encaja: soy un medio para llegar hasta el escritor famoso. Lo cual confirma que cree que dibujo bien. Pero es que hay un problema de planteamiento, y es que yo no soy un medio. Soy un fin. Faltaría más.

Ni me planteo que me hable de contratos, de dineros, ni de nada. Donde no hay, no hay. Pero tiene tiempo para degradar un poco más la amistad que le une al novelista-dibujante, que si armas de fuego y nos para la policía, que si nazi, que si mein kampf, que si encima que escribe peor que él se permite el lujo de darle consejitos, que si sitúa todos sus mundos de ficción en el mismo universo… Enlaza con mi negatividad. Me dice cómo soy, cómo pienso y cómo debería cambiar ambas cosas. Encuentro hasta adorable semejante intento pueril de embaucarme. Pero ya basta. Le digo que voy a ponerme en contacto con el escritor famoso. Que si quiere puede hacer una lista de correo donde estemos los tres. A pesar de todo, a pesar de tener a un sinvergüenza de narices ante mí, hago lo correcto e intento que no se sienta puenteado, pues soy consciente de que teme que se descubra que es la única variable sustituible. Al fin y al cabo, esto llega a través de él. Una y no más, me digo. Me despido cordialmente, a lo colega, claro. Y me escondo un rato.

Me pongo en contacto con el escritor famoso. Es educado, es agradable y obtengo su opinión de primera mano. Por fin. Cuando tenga más cosas se las enviaré. Lo digo pero no es cierto, tengo más cosas. Bastantes. Tengo el relato completamente abocetado y el diseño definitivo del personaje, cuerpo entero, distintos vestuarios, distintas edades, cosas muy chulas. También están diseñados los otros personajes del primer relato de manera coherente, a pesar de no tener las descripciones. Soy un culo inquieto. Ahora anda de ferias de libro y decido aprovechar para sopesar el tema. Tengo muchas dudas. Me parece que hay baches que aunque quiera no voy a poder sortear. Le mando otra foto de un dibujo, nada importante.

El pobre hombre se impacienta y responde a cualquier memez que yo decida compartir con mis allegados (subo un video de más de cinco minutos y veinte segundos después de subirlo ya le gusta, las cuentas no salen, prefiero el silencio). En una de esas intenta picotearme, en mi casa virtual y añade un emoticón de sonrisa (manda huevos). Le doy un pequeño bocado de advertencia e ignoro la soberana gilipollez a la que estoy respondiendo. Necesita un diccionario urgentemente. En vez de meterse la lengua por algún orificio, cual villano de opereta comienza una escalada. Me responde mal y sin ingenio. Es desesperante. Decido marearlo con una cita de un libro de texto de psicología infantil, a ver si me deja en paz un ratito. Pero lo sobrestimo y resulta que se siente muy aludido. Confirmo que la gente no evoluciona desde los doce años, pues a procesos cognitivos de esa edad alude la cita. Me pregunta en público si soy de fiar. Mal. Le respondo con su emoticón de marras, se lo merece y encima es divertido. Me envía mensajes privados muy cortos y distanciados por minutos. Interpreto nervios. Me reclama que aclare mi lealtad, me reclama la obra ya dibujada y entremedias me responde con otra sonrisa en público. Y entonces dejo que las canas decidan por mí y le doy lo que he aprendido tan bien de mis exnovias, distancia y silencio. Dejemos que se calme, que cuente hasta diez y se de cuenta de lo que está haciendo. Continúan los mensajes privados, entre los cuales hay órdenes sobre cómo debo responderle. Ha perdido los papeles por completo. Acto seguido, publica donde solo lo leen mis conocidos que mis citas le hacen sentirse como una tesis de blablabla de la traición de blablabla de yoquesequién, psicología barata y popular que he escuchado por ahí hasta yo. Prevé mi estampida en dirección opuesta a él (a buenas horas se da cuenta) e intenta decirle a todo el que pueda que soy Satán al hacerlo. Me planteo muy seriamente pedirle los datos exactos de la tesis, pero sé que no va a responder mis preguntas directas y que todo lo que diga se transformará en otra cosa. Ya no es una persona, ahora es esa masa oscura que le domina, incapaz de asumir que no he perdido el control de la situación desde el primer instante. Sus mensajes privados cambian la interpretación de sus mensajes públicos, de tal manera que si me quejo nadie más sabrá por qué. Ya vi eso hace años, es más viejo que andar para adelante.

No respondo. Dejo que siga cubriéndose de gloria. Me da igual lo que diga un pobre hombre.

Entonces aparece la persona querida. Por primera vez en mi vida alguien da la cara por mí. Le indica su error y le sugieren aclararlo en privado. Un consejo que vale oro.

Me llama un número que no conozco. Lo dejo sonar. Llama de nuevo. Lo cojo. Me dice que alguien le ha dicho que estoy enfadado. Le digo que eso no es cierto, que nadie ha dicho tal cosa. Lo niega. Y me dice que tiene el dinero para hacer la editorial, que quiere que vayamos a la capital con una orza a hablar con el escritor famoso y que, si no tengo dinero para el tren, que me lo paga él. Pero hay un detalle que él desconoce. Bueno, hay muchos, ha intentado mentir a la persona querida. Sobre mí. La persona querida es la única que ha ido conociendo cada paso, cada pensamiento mío y resulta que le parecen bien esos pensamientos. Memo. Así que interrumpo la mayor sarta de mentiras impulsivas y desesperadas que he contemplado y aquí voy a hablar yo. Empiezo por lo de ese día, por la primera respuesta, me interrumpe y me dice que ha llamado para disculparse y que yo no le admito que estoy molesto. Tocino y velocidad, es idiota y piensa lento. Le indico que decir que llamar para disculparse no es disculparse y prosigo mi discurso, pues es eso, un discurso. Habla por encima de mí en un vano intento de controlar la situación. Mal. Hablo por encima de él lo necesario para no dejarme callar y no le gusta un pelo. Cuelga y escribe de nuevo en público que le he gritado y que encima lo he hecho con una persona disculpándose. Añade mensajes. Insulta la inteligencia de la persona querida en privado y termina borrando casi todo lo escrito en público, no sin antes clickear un par de “me gusta” de mis frases. Cosa esta última que ya no sé ni cómo interpretar. Debe tener el cerebro frito, me digo.

Y este es el fin. Le escribo al escritor famoso y le doy mis motivos para abandonar el proyecto como alma que lleva el diablo. Ignoro la relación que les une, ignoro si son amiguísimos de la muerte y muy leales entre ellos. Aún así, digo lo que debo decir, la verdad, consciente de que puede comprometerme si un día el pobre hombre cargó con el escritor famoso atravesando el campo enemigo mientras silbaban las balas, pero no tengo nada que perder en esta empresa. No responde. Yo tampoco lo haría. Por mi parte, termino cansado de un mundo que nunca me había gustado. Lo dejo. No creo que el mundo editorial comprenda a alguien que prefiere publicar bajo seudónimo.

Termino este recuento de acontecimientos con una reflexión: lo último que me dice en público este pobre hombre pobre, es que no se va a suicidar por perderme. Bien, para perderme tienes antes que haber estado cerca de mí, aclarado eso… Yo tengo un talento, qué tienes tú.

Quedáis avisados navegantes. Esta la historia de el pobre hombre, que harto del rebufo a polla confundió la desidia con la desesperación, la tristeza con rendición, y creyó acercarse a un inmigrante recién bajado del barco. Le dijo que le ayudaría a cargar con las maletas y le pidió que le acompañase a ese callejón de ahí al lado. Pobre hombre que subestima la cantidad de maldad que ha circulado ante mis ojos. Muchos y mejores antes que tú. Muchos y mejores.

Si no tienes miedo a quemarte, resulta que un relato puede ser tan incendiario como el napalm.

PD
Evidentemente los diseños me pertenecen, claro.

Flores en el pelo

abril 19, 2010

La feria de Sevilla es una de esas tradiciones que tiene a bien tratar de renovarse y no permitir que las modas la dejen atrás. Ahí hay dinero, al igual que en la ropa de calle y los empresarios de la moda se ponen de acuerdo con algunos medios para afirmar que hay que actualizarse, te guste o no y sea de peor calidad si o si. Así que entre otras cosas los trajes de flamenca que tan a gusto lucen las mujeres, evolucionan. Sobre cómo van mutando me resulta imposible dar detalles, pues no entiendo mucho, lo que es seguro es que los de ahora se parecen lo justito a los que veía de pequeño.

Pero hay un detalle que no paso por alto. No puedo. Las flores del pelo, cada año son más grandes, ingentes, monstruosamente desproporcionadas. Al igual que el primer tonto que salió a la calle con los bolsillos por fuera o un lado de la camisa sacado, alguna moza vio la flor de un titán y decidió ponérsela. Como sucede siempre, las demás se tiraron por el barranco también. Me parece un desastre estético y es que decidí fijarme y resulta que además de hacer sombra, los sitios estratégicos en los que van colocadas destacan en demasía. Casi parecen distinciones entre clanes de alguna película post-apocalíptica (que por cierto, vaya mierda de apocalipsis hay en el cine que siempre queda tela de gente). Así pues hemos decidido clasificar y nombrar los que conocemos sin atisbo alguno de rigor científico.

Una vez hecho, falta preguntarse a dónde vamos y hacer las faltas de respeto de rigor.

Hay que destacar que el dibujante contempló cómo narices se pone la what the fuck. Pero con rabillo y todo consideramos that shit inestable.

Parece que va a llover algunos días, y eso quiere decir que alguna muchacha encontrará un uso práctico a su poderosa flor.

Ramoncín

abril 5, 2010

Hace unos días la web de Runtime-Error Cómics y por ende su autor sufrió el ataque de los abogados de Ramoncín (les enlazo AQUÍ a la entrada). En resumen, en un mail se le instaba a retirar una serie de comentarios y a modificar algunas de sus viñetas. Muy poco sutilmente y con una cuenta atrás a lo peliculero se le indicó el tiempo que tenía para hacer un apaño o el consabido “tendrá noticias nuestras”. Algo así, más o menos. El resto de la historia es lamentable, como en este país tiene más justicia el que más medios posee pues el autor pierde (como mínimo antes de tiempo). De tal manera aquí nos quedan por recalcar unos puntos:

Me cuesta creerlo, no por la veracidad del autor de la página, sino porque creo que no se pueden hacer semejantes notificaciones vía mail. Y considero que habría que comprobar el número de colegiado de quien remita el mail, así como al menos mantener una conversación telefónica antes de enviar un burofax de esos. Evidentemente no tengo ni idea de lo que hablo.

Nos mordemos la lengua y las manos y no hacemos el chiste gráfico que teníamos pensado. Divertidísimo, pero tememos más a los islamistas que a los abogados.

A la derecha de este blog pueden encontrar el enlace a esa magnífica web de cómics, con un altísimo nivel estético y un humor sin corrección política (vamos, una joya) cuyo autor, maldito sea, me ha reabierto una llaga al hacerme reír.

Hideputa

abril 2, 2010


Hace poco renovaron la web oficial de Arturo Pérez-Reverte. Han cambiado el nombre, ya no se refieren a ella como la página del Capitán Alatriste y en general su estética se adapta a los tiempos flash. Ahora se dedica al escritor de una manera menos disimulada y más promocional, vamos, lo lógico. Y dado que tenía el enlace a esa web en el lado derecho de este blog me dispuse a actualizarlo.

Para el antiguo había copiado una imagen y la cargué en el blog para que quedara más bonito porque pensé que así lo merecía el escritor (no su página, que duele la vista al leerla) y cuando he ido a renovarlo no he encontrado ninguna que me sirviera a tal efecto. Rebuscando he dado con el aviso legal de la página y resulta que hay un apartado que trata sobre la legalidad de poner enlaces desde otras webs. Hay tres puntos:

Queda autorizado el establecimiento de vínculos e hipervínculos con el Sitio Web desde otras páginas o sitios web, siempre que los mismos no se hagan de forma que perjudique la imagen pública y de marca de Arturo Pérez-Reverte, su obra y personajes, de Santillana, del Sitio Web o de cualquiera de las personas a las que en el mismo se haga referencia. Queda expresamente prohibida la utilización de la técnica del “framing” en el establecimiento de vínculos con el Sitio Web.
Parece que ahí no he hecho nada malo y desde luego desconozco qué narices es el framing. Aunque el desconocimiento de la norma…

Queda prohibido el establecimiento de vínculos desde páginas o sitios web cuyos contenidos promocionen o hagan apología, directa o indirectamente, de cualquier tipo de violencia, discriminación, pornografía o actividad ilegal.
Habría que plantearse todo lo que entra en una apología indirecta pero juraría que tampoco es mi caso.

En la creación de los vínculos queda expresamente prohibida la utilización de elementos extraídos del Sitio Web, sin el consentimiento previo y expreso de Santillana.
La cagué. Justo lo que hice con la antigua web. Si tuviera paciencia para estas cosas hasta me plantearía intentar averiguar dónde he de dirigir mi petición ya que no aparece ninguna dirección de correo a mano. Pero, entonces alguien vendría a revisar este blog y se me cuestionaría. Me pregunté: ¿Realmente habrá casos de cafres que intenten asociar sus apologías a la web de Pérez-Reverte? ¿Es necesario legislar eso? Opino que los enlaces quedan más atractivos con una imagen de toda la vida.

Entonces me encuentro con que alguien ha cogido una de las entradas de este blog. Ha copiado el título, el dibujo de sagrav, la parte del texto que hacía referencia al dibujo y la ha plantado como un pino en su blog. Tanto le ha gustado que con las prisas y la euforia ha olvidado enlazar a este blog por si acaso a alguien le gustase el dibujo de sagrav y quisiese ver más. Quedando de tal manera, como si todo fuese obra suya, del copiador digo.

Debo ser gilipollas porque hay que ver la de vueltas que le doy a poner un enlace en la web llegando a plantearme si asociar lo que yo digo con el escritor que me gusta puede perjudicarle, y resulta que hay un hideputa al que se le da un ardite apropiarse de una ilustración de sagrav sin hacer una mísera mención. A mí, mi texto me da igual y encima esa parte estaba sacada de un comic. Al final van a conseguir que esté de acuerdo con la Ley Sinde.

Tabaquismo

febrero 11, 2010

Les dejo un enlace de Wikipedia. Se pueden leer los dos primeros párrafos. Prefiero que sea de Wikipedia porque suena como a campechano y resulta que la gente le echa más cuenta. Ahora bien, independientemente de los sustos que lean ahí les voy a dejar mis motivos:

• Amarillea los dientes. Los afea y da un aliento que tira de espaldas.

• Amarillea los dedos. Los deja feos y olorosos.

• Es caro. Carísimo. Criminal.

• De nuevo el olor, pero en la ropa y en el pelo. Se agarra como una garrapata.

• No sirve más que para calmar la ansiedad que produce por sí mismo.

• Es nocivo para la salud del que lo consume y de los que lo rodean. Incurriendo en un atentado contra las leyes fundamentales del Estado.

• No cumple ninguna función social.

• Por último. Lo más importante. La dependencia es un evidente síntoma de debilidad.

Pero resulta curioso cómo me he pensado tanto escribir lo que pienso debido a la cantidad de gente que conozco con este hábito. Incluso admiro a alguno que es un fumador empedernido.

Ahora, cuando más perseguido está, peor educación gastan los adictos. Enormes cortinas de humo nos reciben en la entrada de los edificios. No conozco ningún bar en el que esté prohibido fumar. Las paradas de autobuses parecen fumaderos. Y la venta a menores es escandalosa.

En vez de rociar a los demás con nuestro humo, propongo que nos escupamos a la cara. Es igual de repugnante, da la misma buena cuenta sobre nuestra educación y seguramente sea menos nocivo para la salud.

Si conoces los perjuicios de fumar y lo haces al lado de alguien a quien afirmas querer o apreciar… Yo no te creo.

El halago lisonjero

febrero 11, 2010

Sagrav me ha dicho que últimamente solo ponemosdibujitos así en plan majo” y que le empieza a dar yuyu. Así que se dispuso a hacer un dibujo de grandes dimensiones y enormes pretensiones. Aún no lo ha completado pero uno de sus bocetos desechados por completo como estudio del personaje principal me sirve para hablar de autores y el círculo vicioso de halagos que sucede en Internet.

Reflexionen, yo lo he hecho. He escrito una pesada y sesuda reflexión y como voy a comenzar con ella un alud de malestar no deseado he decidido no subirla (lástima de tiempo pérdido).

Mi soberbio herido.

enero 3, 2010

Hay blogs en los que entras y te sientes espiado; medidores de visitas que controlan nuestra ip, nuestro lugar de residencia, desde qué punto exacto de la ciudad sale nuestra señal, dónde hacemos clic, de dónde venimos, a dónde vamos, y Dios sabe cuántas cosas más. No me gustan y no quiero que nadie se sienta así al visitar este blog.

Aquí encontrarán ustedes un localizador global de visitas con la precisión de un dedo porrudo, otro que no quito por pereza y las estadísticas básicas que WordPress proporciona y a las que yo puedo acceder. Por lo demás, como aquí no hay afán económico alguno, ni nos acostamos pensando en que mañana un cazatalentos de bloggers nos va a ofrecer un patrocinio, estamos tranquilos y no nos motivan las visitas por compromiso (si no fuese así, mal lo estaríamos pasando).

En estas, uno de los datos que proporciona WordPress consiste en detallar las palabras o frases que escribe la gente en los buscadores y con las que llega aquí. En más de un año he leído cosas… Y les voy a contar mi proceso: Leo la barbaridad, la copio en Google, abro el buscador de palabras de Firefox e introduzco ahí el nombre de esta página. A continuación avanzo páginas mientras compruebo si aparecemos en alguna. Suelo parar en la número veinte, intrigado por las profundas y concienzudas búsquedas del personal y después verifico que tampoco ha sido a través del buscador de imágenes.

Como en este blog nos preocupan las inquietudes de las personas por más extrañas que sean sus sintaxis, hemos decido satisfacer a alguien en su afán: “mi soberbio herido”. Ya pueden preguntarse como yo mismo he hecho, qué narices significa eso y la insatisfacción que debió sentir alguien cuando hubo de conformarse con lo que hay por aquí. Bien, pues nunca más.

John Constantine

noviembre 19, 2009

Conforme envejezco inevitablemente voy endureciendo la experiencia, cada vez lidio mejor con los problemas las papeletas y la mala uva del personal. Pero cuanto mejor lo hago, más cedo hacia una manera distinta de resolver las cosas, una manera que no es la mía. Cambio pasión por efectividad. Improvisación por prevención.

Sin embargo no nos alimentamos de razón, sino de pasiones, de lujuria. De rabia. Aún así, en la sociedad todas las señales nos indican que de esta manera obtendremos únicamente problemas. Abundan historias sobre gente que golpea mortalmente una vez (normalmente por primera vez en su vida) a alguien que lo merecía y termina pagando con una condena ejemplar. Todos las escuchamos, son tan aleccionadoras como las zarandajas que contaba mi abuela sobre un niño que se había muerto atragantado con un plástico cada vez que me veía comerme unos donuts. Aunque las de mi abuela eran evidentemente mentira. Mientras, el telediario nos narra historias sobre gente miserable que golpea cuanto le place, mortalmente o no y terminan pagando una condena que provoca carcajadas.

¿Por qué está escrito en el aire que la justicia es tremendamente injusta? ¿Por qué hay esa sensación cuando debería ser la contraria? Todo está montado para atenazarnos y cuanto más hago lo que debo y no lo que quiero, mejor me va y más muerto estoy por dentro. Empiezo a acercarme a esa visión que tengo de los adultos. Esa derrota moral, esa caída de brazos del alma que es el factor común de las personas que conozco con más de 40 años. No quiero ser así. No quiero rendirme. Ni desterrar mis sueños. No quiero conformarme. No quiero decir “ya pasará”, “da igual” o “no tiene tanta importancia”.

Pero lo cierto es que cuanta más experiencia, más listo y cuanto más listo, más previsor. Es inevitable. ¿Me estoy haciendo adulto tenga la edad que tenga? Ya ni siquiera me importa lo mal que me hicieron mis padres. Me acepto. Debería acostarme, en eso estoy pensando ahora mismo, mañana no estaré tan rebelde. Qué asco.

En la ilustración, John Constantine demostrando que aunque sea un bastardo persigue sus metas con una determinación sobrehumana y mucha inteligencia. Demostrando que da igual que seas bueno o malo, lo único que hacemos todos es buscar lo que queremos. Por cierto, por avatares del destino miss Alcott apareció a tiempo de indicarle al señor sagrav lo muy-mucho que le gustaba el boceto, así que subimos esa versión.

Batman o Superman.

febrero 7, 2009

dk2
Hay veces en la vida en las que uno debe escoger. Hay decisiones que pueden cambiar tu vida y hay otras que simplemente ejecutamos sin pensar y que suponen el quehacer diario, sobre todo en la vida de un adulto.

Pongamos un ejemplo: Eres madre soltera (toma castaña), llevas a tu hija pequeña todas las mañanas al colegio. Con todo el ritual que conlleva, la despiertas a su hora, le preparas el desayuno, la vistes, quizás hasta le lavas la cara y la conduces al lugar de aprendizaje. Es un acto trascendente el tomar el camino de la responsabilidad y la maternidad con la más pequeña de tu camada.

Pero vayámonos ahora a esas otras decisiones menos trascendentes y a las que nadie suele dar importancia y sigamos con el mismo ejemplo. Cuando despiertas a tu hija te dedicas a dar golpes para que se despierten las otras dos porque son muy perras (aunque en verdad dices otra palabra que empiezan por “p”), maldices durante todo el ritual de preparación matutino a sabiendas de que es tremendamente desagradable aguantar a alguien así tan temprano y durante todo el camino con tu hija pequeña al lado vas fumando el primer cigarro de la mañana. Eso sí alejado de tu cara porque sales a la calle con el pelo chorreando y no quieres que te coja olor. Es decir, sabes que el olor a tabaco molesta, eso es importante. Como ven el panorama ha cambiado y tan solo por esos pequeños detalles.

Y es que el tomar una decisión a pesar de todo lo escrito sobre el tema, se puede reducir a esta disyuntiva: Hago lo que quiero o hago lo que está bien. Como desechamos todas las demás variables al igualar la gravedad de todas las decisiones a cero se adquiere una dimensión nueva en tu vida:

• ¿En qué tono le doy los buenos días?
• ¿Miro a los ojos a la gente mientras me hablan?
• ¿Me importa si le molesta a alguien el humo de mi tabaco?
• ¿Me importa si le molesta a alguien el volumen de mi música?
• ¿Llamo a la policía porque mi vecina no deja de dar golpes y llamar “puta” a su hija?
• ¿Digo lo que realmente pienso de política o dejo que me sigan hablando?
• ¿Digo lo que pienso de ellos o les sigo hablando?
• ¿Cuando bajo las escaleras hago mucho ruido?

Y así un larguísimo etcétera de cuestiones vitales y novedosas. Unas decisiones nos harán mejores personas y otras peores. Pero sólo adquirir el rol adecuado para cada una de ellas nos hará felices. Y es que al final efectivamente todo se puede quedar en si seré Batman o Superman. ¿Cuál de los dos debe acompañar a una hija al colegio? ¿Cuál de los dos debe tratar con el hijo de puta del butanero? ¿Cuál de los dos es el que saco a la calle? Porque… ¿Soy capaz de ir intercambiándolos rápidamente o me pongo unas mallas por las mañana y pa’ lante?

Lo admito, vivo en una ciudad sin empatía, donde la mala educación y la falta de respeto es motivo de gracieta. Pero oigan, lo que realmente me molesta es mirar atrás y ver que cuando debí ser Batman fuí en verdad Superman. Y sé que me equivoqué porque uno es capaz de soportar los golpes y otro no.

(El dibujo es evidentemente de sagrav y he de añadir que no sabía que se pudiera hablar tanto sobre el DK2.)

Redes sociales y exhibicionismo.

noviembre 7, 2008

redessociales1Cuando yo tenía unos doce años, mi padre me explicó que nunca, hiciera yo lo que hiciera o vistiese como vistiese o hubiese prometido lo que hubiese prometido, jamás, nadie tenía derecho a tocarme si yo no quería, que la única dueña de mi cuerpo era yo. En aquel momento yo no comprendí por qué mi padre me decía esas cosas pero, lamentablemente, la vida no es como debiera y más tarde una termina entendiendo la razón por la que los padres nos dicen esas cosas. Es triste, pero la realidad es que hay algunos hombres que se creen tus dueños por el hecho de ser tus novios o simplemente porque les sonrías. Claro está, mi padre, que es un hombre muy inteligente, también me enseñó que con las personas no se juega, es decir, no se provoca a un hombre porque sí.

Todo esto viene a cuento de que el otro día me pasó el señor Sagrav, un hombre de los que no se adueñan de cosas que no están en venta, un blog en el que se critican ciertas actitudes de niñas que exhiben sus fotos (de un alto nivel erótico) en redes sociales de internet. En dicho blog, aparte de burlarse de ellas, se las tacha de guarras y se les advierte de que se atengan a las consecuencias. No me gusta ni la facilidad e intención con que unas se exponen, ni la suposición de que lo que hacen da derecho a los demás a decirles de todo.

Por una parte, no entiendo esa necesidad que, cada vez más, parecen tener muchas mujeres de mostrar sus encantos. Cuando yo fui creciendo, a los quince-dieciséis años, de repente, me miraban los hombres, eran amables y se mostraban dispuestos a darme el mundo si era necesario. Pero, en primer lugar, nadie te da nada gratis y, en segundo lugar, yo puedo conseguir las cosas por mí misma que es más satisfactorio. Esta lucha de enseñar pecho etcétera, aparte de denigrante, es absurda porque siempre habrá alguna mujer con más atributos que tú o dispuesta a dar algo más y por tanto ganará ella.

Por otro lado, si bien es cierto que la actitud de las mozuelas enseñándolo casi todo públicamente tiene consecuencias para ellas, quizá no debería ser así. Es cierto, no se debe jugar con la gente, hay que respetar a los demás, pero también es cierto que aunque tú lo hagas todo correctamente algunos te van a tratar igualmente como una cosa. Por ejemplo, yo no enseño el escote, ni llevo faldas cortas, ni flirteo con los hombres, pero cada vez que saco una matrícula de honor en alguna asignatura de la facultad alguien insinúa si habré hecho algo para conseguirla que no sea estudiar; sin embargo, cuando es un compañero mío el que la saca todos dan por supuesto que es trabajador e inteligente.

En resumen, si mal está jugar a provocar al personal y usar el sexo como medio para obtener cosas de los hombres, también está mal atribuir la falta de respeto y el machismo que muchas sufrimos todavía hoy a nuestra actitud. Esto es sólo mi opinión, debida en gran parte a mi experiencia. Ojalá más mujeres tuvieran la suerte de tener un padre como el mío que les enseñara algo tan importante como lo que él me enseñó.

Gracias al señor Sagrav por la imagen que acompaña al texto. Hasta otra.