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La historia de el pobre hombre.

junio 11, 2012

Desde Noviembre pasado arrastro un problema de salud. El causante de ese problema tiene un único remedio: se llama distancia y silencio. Apremiado por la necesidad, aparco todos mis planes, unos propios y otro que me hacía una ilusión rayando lo infantil en la que llego a invertir mucho dinero (mucho, en porcentaje del que yo tengo) y comienzo una búsqueda lo más eficaz posible de trabajo como dibujante porque, básicamente, es la mejor opción, la que tiene más posibilidades y lo que me va a permitir recuperar esos planes mencionados. Además, es lo que quiero hacer, qué demonios.

Tarjetas de visita, mails indiscriminados, boca a boca, soltar lastres… pruebo todo lo que se me ocurre aún no apeteciéndome lo más mínimo. Sobra decir que no consigo nada. Entonces aparece la persona a la que nos referiremos como el pobre hombre.

El pobre hombre ve mis dibujos porque en esa vorágine en la que yo andaba se los enseño. Me cuenta entusiasmado que lleva una revista y me pregunta si yo quiero colaborar a lo que respondo “Sí,…bueno.”, en espera de comprobar la calidad de la misma, ya que conozco el mundo amateur y no me suele gustar su calidad. Acto seguido, el pobre hombre me dice que conoce a mucha gente, haciendo un hincapié en el “mucha” y regodeándose en la calidad editorial del “gente”. Hace tanto hincapié que, por un momento, siento que está malgastando mi tiempo. Sobre la marcha cambia su opinión sobre mi colaboración y me comenta que entre la mucha gente que conoce, hay uno que quiere adaptar un relato a formato comic. Que es un escritor famoso. Uno de los muchos que conoce y otro de tantos con los que se codea. Al día siguiente me promete que me pasa el relato y que se lo comenta al escritor famoso. Le pido el nombre del escritor, me lo da y se despide al fin. Digo al fin porque aplico el principio básico que gobierna mis relaciones a través de internet y este es “Si mi vida fuese como yo quiero no tendría tiempo de andar por internet”. Por tanto, su efusividad no me afecta.

Antes de acostarme busco el nombre del autor, ya que no lo conozco. Me digo que es normal porque, en fin, leo comics, tantos que si no tengo nuevos releo. No siento la necesidad de estar al día del mundo editorial de las novelas. Veo una entrevista y me gusta su voz y lo que dice. Me quedo más tranquilo.
Leo el relato al día siguiente. Me gusta, es un Constantine a la española (cosa que ya va tocando) y tiene mérito que yo me lea una historia de ruleta rusa con la enorme pereza que me producen.
El siguiente paso es consultar a la persona que más lee de todas las que conozco. Tampoco conoce al escritor famoso, pero me dice que eso es normal, que no está al día de las novelas que se publican o al menos no de todas. Y resulta que no son pocas. En fin, el pobre hombre me pide un diseño del personaje. Mal, porque en el relato no hay una descripción física y no me da ni una puñetera pauta. Dibujo a un Constantine español por encima y de aquella manera. Lo mando y me dice que se lo ha mandado al escritor famoso y que en cuanto le responda me lo pasa.

Entremedias, me ofrece otro proyecto, la portada de una novela de un amigo que quiere publicar en una editorial aún por crear. Me intereso al fin de una manera activa por la revista en la que publica relatos no remunerados de tantos colegas famosos y por la novela que es una segunda parte. La revista sólo la encuentro en Amazon y para leerla hay que pagar. Mal, por lo de pagar y por no poder verla. La novela, el autor y muchos más datos sobre este nuevo tema son fáciles de encontrar. No me gusta lo que veo y lo que leo, no a un nivel despreciativo, simplemente hay que ser muy como otros para engancharme y no lo es. El proyecto consiste en emular el estilo de la primera parte de la novela que fue editada por una editorial al haber participado en un premio que ya no recuerdo si gana o queda finalista o qué sé yo, la verdad es que tantos datos me aburren y creo que son una maraña para no ver lo importante de las cosas, así que los ignoro pues tengo la sensación de que están moviendo demasiados hilos ante mis ojos, mejor apartarlos. Indico que si bien puedo imitar cualquier estilo, pues es algo que me resulta fácil, el rollo cabezas flotantes y space opera digital no puede ser más que un desperdicio de mis habilidades. No es lo mío, no me gusta y hay otras cosas que se me dan mucho mejor. Asimismo, recomiendo buscar a uno de los miles de dibujantes digitales que pululan por la red. Yo puedo ayudar en el casting. El proyecto viene acompañado de un diseño del propio escritor, que resulta que también dibuja. La idea es que, respetándolo, yo lo mejore. No me gusta el diseño y no empatizo con las destrezas artísticas de esta persona. Así lo indico. Y cuando creo que va a venir un mosqueo por tal apreciación, lo que viene es un suspiro de alivio. Al pobre hombre tampoco le gusta, y me dice que tengo libertad para hacer otra cosa a lo Frazetta, que es lo que yo recomiendo. De cualquier manera, sigo pensando que no soy la persona adecuada. Y me quedo en la recámara que no quiere que se encargue el estudio que hizo la primera portada porque tienen la fea costumbre de cobrar. Mal…

Llega la respuesta del escritor famoso sobre mis diseños de su personaje. Llegan a través del pobre hombre, sin comillas, con muchos “dice que…”. Evidentemente, según el pobre hombre, mi diseño no es lo que tenía en mente el escritor famoso. No me lo tomo a mal porque he de recordar que nadie me dio ni una puñetera pauta. Llegan las pautas al fin, y me propone una reunión, que yo había rechazado por pereza.

Para entonces ya he visto retazos de la revista, gracias a LA red social donde los publica. Me limito a observar a los hipotéticos compañeros de lápiz. No me gustan, la verdad. Yo no la compraría. También puedo comprobar que anuncia mi colaboración y asociación con la revista. Yo nunca he afirmado tal cosa. Pone dibujos míos en LA red social, para lo que me pide permiso antes. Le digo que puede compartir las cosas del blog, que para eso está el blog. Parece que escuche lo que quiere en vez de lo que digo, ya que escojo muy bien mis palabras. Y leyendo por aquí y por allá, encuentro un número indecente de halagos. Vomito un arcoiris. Asinus asinum fricat.

Llega la reunión. Me da la mano a lo colega. Mal. Me dice que yo elija el bar. Mal. Se queja del bar. Mal. Y charla de todo menos de los puntos importantes que estoy seguro que voy a aclarar esa tarde. Muy espaciados en el tiempo, los introduzco con calzador:

–¿De qué conoces al escritor famoso y cómo lo convences de que colabore contigo y no con cualquier editor de una editorial que sí existe de los muchos que debe conocer?
Su respuesta es que conoce a mucha gente. Vuelve a darme una retahíla de nombres que hace que me suba la náusea. La respuesta a cómo lo convence es un gesto. Un gesto de encoger los hombros y una sonrisita de “soy muy guay”. Mal, muy mal, la verdad.

–Dinero, busco ganar dinero, ya que me interesa adquirir tanta independencia económica como me sea posible.
Me responde a la gallega. Que eso habría que estudiarlo aún. Que según beneficios. Un blablabla que me resuena tan alto que casi me deja sordo y cambia de tema. Mal, pero mal de salir corriendo.

–Si esto saliese bien, ¿cómo pretendes que el escritor famoso y yo no corramos a prados editoriales más verdes?
Me divierto con los eternos segundos que necesita para encajar la pregunta. Busca una respuesta. La que sea. Y tanto la que sea, porque ya se encargará él de que eso no pase. Que traducido a mi idioma significa que sigue sin nombrar nada del estipendio.
Mosqueado, decido comprobar hasta qué punto tengo ante mí a un impresentable, no como editor: quiero saber qué clase de persona es.

–No me gusta la calidad de algunos de tus colaboradores ¿y a ti?
Me mira y arqueo una ceja tranquilo, sin nada que perder ya. Me responde que a veces pones cosas porque sabes que venden y otras simplemente hay que rellenar espacios.
Le discuto que eso es normal con una revista que sale a la calle, pero con una edición digital que se hace por gusto lo lógico sería buscar calidad y rodearte de personas a las que no solo aprecies como escritores o dibujantes. Mientras lo digo ya me doy cuenta que si lo ha hecho así es que no busca calidad, ni divertirse, ni un trabajo bien hecho, ni pollas en vinagre. Vuelve a haber un ruido desesperante que resumiré en “yo conozco a mucha gente”, vuelven a salir nombres, incluso extranjeros. Me aburro y vuelvo al ataque. Ahora insisto en su amigo de la novela, el de la portada. Le pregunto directamente si le gusta cómo dibuja. Me responde que no, un rotundo no. Le pregunto si le gusta cómo escribe, ya que le va a publicar una novela. Me responde que no. Esto es alarmante ya. Jamás se habla mal de alguien a quien pretendes publicar. Jamás. ¿Qué dirá de mí? No me conoce de nada y me dice que no le gusta su trabajo. Lo encuentro una barbaridad, pero estoy tan acostumbrado a tratar con quien no me apetece que no se me nota. Como si no fuera bastante, le repito algo de uno de mis mails, y es que para hacer una buena portada antes hay que leerse la novela. Para eso yo le pedí que le pidiese a su amigo algunos de los momentos más importantes de un número de páginas que se me antoja exagerado. Me devuelve una nota de prensa que me hace perder un minuto precioso de mi existencia. Vuelvo a ello y le digo que él debería leerse la novela y sacarme esos momentos cruciales. Bromeamos sobre la pereza que le da leérsela, debido a lo poco que le gusta. Nada va a impedir que al menos me ría con todo esto. De paso, doy gracias a Dios por no haber puesto en mi camino el número de amigos que tanto le solicito, mejor así, lo agradezco de corazón y me apeno y mucho al empatizar con el novelista-dibujante. Y quiero pensar, sinceramente, que me dice todo eso simplemente porque cree que es lo que yo quiero escuchar de él. Lo cual es una torpeza de aúpa. Lo cual me dice que me quiere convencer. Mal. No es cuestión de convencer, es cuestión de hablar claro y decidir, después de dar unas condiciones.

Evidentemente, me muestro débil durante todo el encuentro. Todo está mal, el mundo es muy malo. Ya saben. Buah, buah.

El proyecto podría llegar a buen puerto a pesar de el pobre hombre. Para eso necesito hablar con el escritor famoso. Me despido con una condición inapelable: que nos ponga en contacto inmediatamente. Si es un escritor famoso, no creo que no pretenda obtener un beneficio económico. Tranquilo con la calidad de su texto, quiero aclarar lo demás, pues podría quedar bien si me dejo el pellejo. Merece la pena, aún con el pobre hombre de por medio. Además, he reclamado que yo me encargo de la adaptación del relato a comic, es decir, yo hago la narrativa en viñetas. “Sin problemas” dice. Eso es raro, raro de cojones.

Al día siguiente es mi cumpleaños. Tic tac.

Ahora viene un mes, casi un mes. Entre halagos exagerados a mis dibujos, un día, de buenas a primeras, me dice que me olvide de la portada, que cree que ya hace tiempo que lo hice (tirito) y que hay otra persona. Pues vale.


Hago un diseño del personaje, ya con las pautas. Queda bien, me gusta y envío una foto del dibujo. La envío al pobre hombre porque quince días después aún no me ha puesto en contacto con el escritor. No entiendo que me ponga en la posición de volver a reclamárselo. Si no lo ha hecho es porque no le sale de los cojones o porque no lo conoce. Me preocupa mucho esa posibilidad. También le pedí un número de la revista (no voy a pagar por eso), que no me llega nunca, a pesar de que lo prometió. Eso también me preocupa.

Pasan unos doce o catorce días, mi memoria hace lo que puede. Tras atrasar todo lo posible la solicitud de un segundo encuentro por otras oportunidades más limpias, sanas, legales y satisfactorias, éstas no prosperan y quedo.

Me da la mano a lo colega, a pesar de que lo que se encuentra no es una mano en la posición adecuada para tal menester. Hablo más de cine y de videojuegos porque simplemente no me apetece este encuentro, no quiero nada hasta no hablar en plata con el escritor famoso. Pregunto sobre la foto de mi dibujo. “¿La ha visto el escritor? su opinión es la que cuenta.” “Sí, le ha gustado mucho.” “¿Le gustan los dibujos de tu amigo?” “Sí…”
Por favor, que me fulmine un rayo. Todo está mal. Vuelve a restregarme en la cara un pastel llamado tus dibujos son muy buenos. Me harto. Si mis dibujos fueran muy buenos, recibirían muchos más “me gusta” en LA red social o comentarios en el blog y no habría miles y miles de visitas buscando mujeres con pene, que es todo lo que hay. Mis dibujos, pobre hombre, solo te han atraído a ti. Quiero morirme. Hablo sobre un dibujo en concreto, el último, me indica que ni él lo ha visto. ¿Y para qué cojones lo tengo en LA red social? Jesús…

Ahora viene la gran cagada. La gran metedura de pata. Intenta convencerme, pues en el tiempo que he dejado transcurrir está claro que ve dudas por mi parte. No habla de dinero, ni de contrato, ni compromisos entre caballeros. Habla de fama, habla de que gracias al nombre del escritor famoso me llegarán más trabajos (que ya he de suponer remunerados al fin), habla de que el escritor famoso tiene leales que lo comprarán todo, cualquier cosa que lleve su nombre. Se relame un colmillo mientras lo dice y, al fin, todo encaja: soy un medio para llegar hasta el escritor famoso. Lo cual confirma que cree que dibujo bien. Pero es que hay un problema de planteamiento, y es que yo no soy un medio. Soy un fin. Faltaría más.

Ni me planteo que me hable de contratos, de dineros, ni de nada. Donde no hay, no hay. Pero tiene tiempo para degradar un poco más la amistad que le une al novelista-dibujante, que si armas de fuego y nos para la policía, que si nazi, que si mein kampf, que si encima que escribe peor que él se permite el lujo de darle consejitos, que si sitúa todos sus mundos de ficción en el mismo universo… Enlaza con mi negatividad. Me dice cómo soy, cómo pienso y cómo debería cambiar ambas cosas. Encuentro hasta adorable semejante intento pueril de embaucarme. Pero ya basta. Le digo que voy a ponerme en contacto con el escritor famoso. Que si quiere puede hacer una lista de correo donde estemos los tres. A pesar de todo, a pesar de tener a un sinvergüenza de narices ante mí, hago lo correcto e intento que no se sienta puenteado, pues soy consciente de que teme que se descubra que es la única variable sustituible. Al fin y al cabo, esto llega a través de él. Una y no más, me digo. Me despido cordialmente, a lo colega, claro. Y me escondo un rato.

Me pongo en contacto con el escritor famoso. Es educado, es agradable y obtengo su opinión de primera mano. Por fin. Cuando tenga más cosas se las enviaré. Lo digo pero no es cierto, tengo más cosas. Bastantes. Tengo el relato completamente abocetado y el diseño definitivo del personaje, cuerpo entero, distintos vestuarios, distintas edades, cosas muy chulas. También están diseñados los otros personajes del primer relato de manera coherente, a pesar de no tener las descripciones. Soy un culo inquieto. Ahora anda de ferias de libro y decido aprovechar para sopesar el tema. Tengo muchas dudas. Me parece que hay baches que aunque quiera no voy a poder sortear. Le mando otra foto de un dibujo, nada importante.

El pobre hombre se impacienta y responde a cualquier memez que yo decida compartir con mis allegados (subo un video de más de cinco minutos y veinte segundos después de subirlo ya le gusta, las cuentas no salen, prefiero el silencio). En una de esas intenta picotearme, en mi casa virtual y añade un emoticón de sonrisa (manda huevos). Le doy un pequeño bocado de advertencia e ignoro la soberana gilipollez a la que estoy respondiendo. Necesita un diccionario urgentemente. En vez de meterse la lengua por algún orificio, cual villano de opereta comienza una escalada. Me responde mal y sin ingenio. Es desesperante. Decido marearlo con una cita de un libro de texto de psicología infantil, a ver si me deja en paz un ratito. Pero lo sobrestimo y resulta que se siente muy aludido. Confirmo que la gente no evoluciona desde los doce años, pues a procesos cognitivos de esa edad alude la cita. Me pregunta en público si soy de fiar. Mal. Le respondo con su emoticón de marras, se lo merece y encima es divertido. Me envía mensajes privados muy cortos y distanciados por minutos. Interpreto nervios. Me reclama que aclare mi lealtad, me reclama la obra ya dibujada y entremedias me responde con otra sonrisa en público. Y entonces dejo que las canas decidan por mí y le doy lo que he aprendido tan bien de mis exnovias, distancia y silencio. Dejemos que se calme, que cuente hasta diez y se de cuenta de lo que está haciendo. Continúan los mensajes privados, entre los cuales hay órdenes sobre cómo debo responderle. Ha perdido los papeles por completo. Acto seguido, publica donde solo lo leen mis conocidos que mis citas le hacen sentirse como una tesis de blablabla de la traición de blablabla de yoquesequién, psicología barata y popular que he escuchado por ahí hasta yo. Prevé mi estampida en dirección opuesta a él (a buenas horas se da cuenta) e intenta decirle a todo el que pueda que soy Satán al hacerlo. Me planteo muy seriamente pedirle los datos exactos de la tesis, pero sé que no va a responder mis preguntas directas y que todo lo que diga se transformará en otra cosa. Ya no es una persona, ahora es esa masa oscura que le domina, incapaz de asumir que no he perdido el control de la situación desde el primer instante. Sus mensajes privados cambian la interpretación de sus mensajes públicos, de tal manera que si me quejo nadie más sabrá por qué. Ya vi eso hace años, es más viejo que andar para adelante.

No respondo. Dejo que siga cubriéndose de gloria. Me da igual lo que diga un pobre hombre.

Entonces aparece la persona querida. Por primera vez en mi vida alguien da la cara por mí. Le indica su error y le sugieren aclararlo en privado. Un consejo que vale oro.

Me llama un número que no conozco. Lo dejo sonar. Llama de nuevo. Lo cojo. Me dice que alguien le ha dicho que estoy enfadado. Le digo que eso no es cierto, que nadie ha dicho tal cosa. Lo niega. Y me dice que tiene el dinero para hacer la editorial, que quiere que vayamos a la capital con una orza a hablar con el escritor famoso y que, si no tengo dinero para el tren, que me lo paga él. Pero hay un detalle que él desconoce. Bueno, hay muchos, ha intentado mentir a la persona querida. Sobre mí. La persona querida es la única que ha ido conociendo cada paso, cada pensamiento mío y resulta que le parecen bien esos pensamientos. Memo. Así que interrumpo la mayor sarta de mentiras impulsivas y desesperadas que he contemplado y aquí voy a hablar yo. Empiezo por lo de ese día, por la primera respuesta, me interrumpe y me dice que ha llamado para disculparse y que yo no le admito que estoy molesto. Tocino y velocidad, es idiota y piensa lento. Le indico que decir que llamar para disculparse no es disculparse y prosigo mi discurso, pues es eso, un discurso. Habla por encima de mí en un vano intento de controlar la situación. Mal. Hablo por encima de él lo necesario para no dejarme callar y no le gusta un pelo. Cuelga y escribe de nuevo en público que le he gritado y que encima lo he hecho con una persona disculpándose. Añade mensajes. Insulta la inteligencia de la persona querida en privado y termina borrando casi todo lo escrito en público, no sin antes clickear un par de “me gusta” de mis frases. Cosa esta última que ya no sé ni cómo interpretar. Debe tener el cerebro frito, me digo.

Y este es el fin. Le escribo al escritor famoso y le doy mis motivos para abandonar el proyecto como alma que lleva el diablo. Ignoro la relación que les une, ignoro si son amiguísimos de la muerte y muy leales entre ellos. Aún así, digo lo que debo decir, la verdad, consciente de que puede comprometerme si un día el pobre hombre cargó con el escritor famoso atravesando el campo enemigo mientras silbaban las balas, pero no tengo nada que perder en esta empresa. No responde. Yo tampoco lo haría. Por mi parte, termino cansado de un mundo que nunca me había gustado. Lo dejo. No creo que el mundo editorial comprenda a alguien que prefiere publicar bajo seudónimo.

Termino este recuento de acontecimientos con una reflexión: lo último que me dice en público este pobre hombre pobre, es que no se va a suicidar por perderme. Bien, para perderme tienes antes que haber estado cerca de mí, aclarado eso… Yo tengo un talento, qué tienes tú.

Quedáis avisados navegantes. Esta la historia de el pobre hombre, que harto del rebufo a polla confundió la desidia con la desesperación, la tristeza con rendición, y creyó acercarse a un inmigrante recién bajado del barco. Le dijo que le ayudaría a cargar con las maletas y le pidió que le acompañase a ese callejón de ahí al lado. Pobre hombre que subestima la cantidad de maldad que ha circulado ante mis ojos. Muchos y mejores antes que tú. Muchos y mejores.

Si no tienes miedo a quemarte, resulta que un relato puede ser tan incendiario como el napalm.

PD
Evidentemente los diseños me pertenecen, claro.

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Extra XIX

febrero 17, 2011

Blablabla.

Edvin Biuković

febrero 9, 2011

No importa lo que te griten, cuantos argumentos por más objetivos que sean te den, el absurdo estándar o moda del momento, o el horrendo actor o actriz en alza adolescente. Cuando te enamoras, esa persona pasa a ser la más preciosa del mundo. Aunque resulta curioso como es imposible discernir si lo es por tu enamoramiento o si tu enamoramiento es debido a eso que ves. El hecho es que te sientas a contemplar y tienes la seguridad de que sus gestos, su sonrisa, su caída de ojos, su mirada distraída, como se rellenan unos pómulos cincelados por Romita Jr al reir… Su voz… Todo está diseñado a la perfección para gustarte. Hay cosas que necesitan ser construídas y otras que simplemente aterrizan sobre ti como un airbus.

Hace muchos, muchos años, dos comics caen mis manos. Es un pack con dos historias recopiladas cada una en un tomo de tapa blanda. Ambas son geniales, pero una de ellas me llama la atención con fuerza. Es uno de esos comics en los que cuesta separar la labor del guionista de la del dibujante. Aquello no está hecho por nadie. Abrir sus páginas es desaparecer del horrendo mundo que te rodea. Pero independientemente de la genialidad de una historia que es imposible que no se quede en tu memoria… Me enamoré por completo del dibujo. No pude evitarlo.

El dibujante se llama Edvin Biuković, desde Zagreb y junto con Darko Macan, como bien menciona la editora, en 1993 obran un milagro al conseguir que su propuesta llegue a buen puerto en medio de una guerra que muchos recordarán o al menos sabrán de su existencia. Dos números son pronto ampliados con otros cuatro. Y a partir de ahí empieza a despegar una de las carreras más prometedoras de dibujante que haya podido nunca contemplar (aunque he tardado en poder hacerlo). Pasos que sabían a gusto por el trabajo bien hecho y a amor por su oficio.

Podríamos hablar durante horas sobre sus excelencias. Su magnífico trazo, sus indecentemente buenas composiciones, lo constante de sus personajes o esos encuadres tan acertados. Horas. A veces las hablo conmigo mismo. Y quien sabe si lo veo así porque me enamoré del dibujo o me enamoré del dibujo porque es así. Ya no importa. A veces alguno parece que pueda sustituirlo… Pero no.

En 1999, Edvin Biuković falleció con 30 años de complicaciones derivadas de un tumor cerebral.

Aquel comic se llamaba Grendel Tales: Guerra de Clanes.

A veces me jode el hueco que ha dejado en mi estantería el puñetero.

Todo pasa y todo queda

octubre 22, 2010

Cada cierto tiempo hay que hacer un dibujillo de El Lobo Solitario y su Cachorro. Se ha quedado en boceto guarreadísimo, pero esta vez quiero terminarlo y dejarlo bonito bonito (hay que arreglarle muuuuuuuuucho), que bien se lo merece.

Watchmen. Un poco de todo.

agosto 24, 2010


He caído en la cuenta de que no he dicho por aquí nada de Watchmen, el comic o la película.

Cuando leí hace años el capítulo IV dedicado al Dr. Manhattan, pensé que quedaría muy bien trasladado a imágenes en movimiento, que expresaría de una manera dinámica y por tanto llamativa cómo concibe el tiempo el personaje. Pues resulta que en la película el personaje lo experimenta todo a cámara lenta. La adaptación de eso debía haber caído en manos de alguien con otros recursos que sin excesos hubiera sabido aportar el ritmo y el montaje que aquello necesitaba. Se ruedan las escenas por separado y después se montan cortando los trozos donde los puñeteros autores te han dejado dicho en el comic y de paso intentas llegar a otro nivel. O quizás es que con el paso del tiempo mis expectativas se han vuelto imposibles de alcanzar.

Una vez pasado eso ya se me atraganta todo. Veo cámaras lentas por doquier y al contarlas me doy cuenta de que a una velocidad normal habrían cabido más escenas en una película que es larga de narices (ya no tengo edad para aguantar maratones de sillón).

Al recordar todo eso he acudido al comic a volver a leer una de mis escenas favoritas: Rorschach y Daniel van al apartamento del primero a recoger su cara de recambio y más cosas. Se encuentran con la casera y sucede algo que hace que se inicie un cambio en la actitud del personaje. En la película no recuerdo haber visto por ningún lado que ese detalle quede representado.

Podría escribir durante horas y párrafos y más párrafos sobre el comic y la película. Lo bueno que es uno y lo indiferente que deja la otra, pero no tengo tiempo para eso. A cambio he dibujado mi viñeta favorita y haciendo gala de una capacidad de convocatoria tan lamentable como la de IU, les propongo que comenten su viñeta o escena favorita del comic. O si se lanzan que la dibujen y suban a su forma de comunicación preferida de Internet. Podrían intentar emular a Gibbons y cometer mi mismo error, o hacerla en plan majo, o un chiste, o tipo Cuttlas. Pongo un ejemplo. Ea. Claro que no sé si entre la gente que pasa por aquí hay muchos que hayan leído la novela gráfica…

En la siguiente actualización subo el boceto que esta vez lo he escaneado. Y de paso también la versión en blanco y negro.

También de paso me gustaría comentar unas cosas sobre la edición de Planeta DeAgostini de este comic. Dejando al margen la calidad del papel, que daría para muchas discusiones, hay ciertas libertades en la traducción que no han podido evitar golpearme en las narices ya que tengo la suerte de que me regalasen una versión en inglés y recuerdo algunos de los diálogos a fuerza de releerlos.
La primera sería en el primer capítulo cuando Rorschach responde a la señorita “Jupiter” que “I’m not here to speculate on the moral lapses of men who died in their country’s service.”. Y los “moral lapses” aparecen en nuestra versión como “deslices morales”. Pues yo no estoy del todo de acuerdo. Pero esto es hilar fino.

La segunda es en el segundo capítulo y Sally le dice a Eddie que no, ante las poco sutiles intenciones sexuales de él, a lo que Eddie responde “Sure. No. Spelled Y, E…”. Y es interrumpido por Sally con un arañazo en la cara mientras le dice “Spelled enn oh!”. Bien, acudamos a nuestra querida versión absolute: Eddie dice “¿Cómo que no, preciosa?”, a lo que ella responde “¡Tú sí que vas a quedar precioso!
Ole. Si, deletreado S, I, debe ser algo que no se entiende en nuestro idioma a ver si no a que viene tanta creatividad. De hecho si sacamos la traducción del contexto pasaría fácilmente por un diálogo de la Juani de Médico de Familia. Ya la veo persiguiendo a quién toque mientras le da inútiles manotazos y replica “¡Asú, asú, asú, qué chiquillo!

La tercera con la que he chocado de bruces es en el capítulo VI, durante una de las sesiones con el Dr. Malcom Long, Rorschach le dice “You keep calling me Walter.”, que leído en su contexto y haciendo una traducción literal viene a significar “Sigue llamándome Walter”. Es evidente que prefiere que lo llamen Rorschach y su siguiente frase es “I don’t like you.”. Más claro, agua. Pues no. La creatividad con patas ha decidido que mejor sustituirlo por “Siga llamándome Walter.”. Así, en plan chulito. Siga, siga. Siga llamándome Walter, que ya verá como le coja los meñiques…

Lo dejo ya que puedo estar así toda la noche.

PD
El primer dibujo está hecho desde el más profundo respeto
y admiración hacia Gibbons. Tómese como tal. A Higgins lo he tenido que respetar menos ya que al tratar de emular sus colores me ha salido un Calippo de fresa. Al final he escogido unos tonos que yo pudiese manejar más cómodamente. Y esta vez pinchar en las imágenes no harán que se vean mejor, se verán igual. Y también esta vez, las dos deberían verse más o menos al mismo tamaño que las dibujé (suelo tratar de subirlas más pequeñas, pero la batalla de las resoluciones me da una pereza insoportable).

Extra III

mayo 31, 2010

Hace ya un tiempo Grant Morrison, un guionista que no me gusta ni de lejos decidió que era importantísimo matar a Batman (o a Bruce Wayne). Así que le dejan hacerlo, quizás mirando de reojo la genialidad en que había convertido el brillante Ed Brubaker la serie del Capitán América sin el Capitán América (asesinado en la serie Civil War).

Esto da lugar a una miniserie regularcilla sobre quién será el nuevo Batman y a continuación se estrena la serie Batman & Robin con el hijo de Batman como Robin (no pregunten). Y en estas se estrena Red Robin y este personaje es el único que no cree que Batman esté muerto y parte dispuesto a buscarlo.

Es en ese momento en el que el dibujante de este blog me comenta cómo traería él a Batman de vuelta. No me deja contarlo porque dice que su idea es mejor que la de Morrison y que aún le vale cambiando a los personajes por copias burdas………….. Bueno no sería la primera vez que alguien hace eso.
En su día empezó unos dibujos de Red Robin porque por entonces íbamos a contarlo con la gracia de comparar después. Pero no lo hicimos. En fin, ahí van. Huelga decir que están inacabados, pero a mí me hacen gracia los dibujos inacabados.


Extra I

marzo 4, 2010

Imperdonable. Ayer se me olvidó subir aquí el dibujo que  más me gustaba. Aunque tampoco ha venido mal y así aprovecho para subir otro de esos que dice sagrav que no sirven para nada, pues yo no tengo nada que decir sobre Harley Quinn o al menos nada interesante que no puedan averiguar por ahí.

One more film

marzo 4, 2010

El mundo del comic pisa cada vez con más fuerza en el mundo del cine. Ya no presta únicamente personajes, trajes, tramas picoteadas, sino que ahora también los relanzamientos. Esto consiste en que como hemos metido tanto la pata con un personaje que ya no hay vuelta atrás y nadie tiene narices de guionizarlo y salir airoso, pues decimos que viene una crisis mu gorda que va a reiniciar todo desde la génesis del personaje o que vivía en uno de los múltiples universos que nos rodean y ahora vamos a contar las aventuras del mismo tío pero en otro universo… Un batiburrillo de ideas que si bien en los comics son necesarias para sacudirse las modas pasadas en las películas deberían esquivarlas porque se supone que antes de hacer la peli y con tantísimo material en el que basarse, han hecho la mejor producción posible.

Y bueno, pues había que sacarle dinero a Hulk, a Superman, a Batman y a Daredevil antes de que se perdieran derechos y otro le sacase el dinero. La primera de Hulk era aburridísima para tratar de un tío verde que rompe cosas y habla a lo nativo. Superman se podría justificar por los avances de los efectos especiales, pero no necesitaba mucho más. Batman por los pezones en las armaduras, había que rodar algo nuevo sin eso y Daredevil porque los productores decidieron echarle la culpa del guión al director. Guión que ellos mismos aprobaron, recortaron, modificaron y pusieron pegas.

Pero yo pensaba que todo el mundo andaba contento con Spider-Man. Al menos no era una bazofia. Claro está que los estudios se relamen los colmillos ante la posibilidad de conseguir un efecto Crepúsculo y ganar aún más dinero. Así que, como Sam Raimi ya estaba tocando las narices (la última entrega tenía unos momentos totalmente regularcillos, siendo bueno). Pues cambiamos de director. Cuál. Marc Webb. Quién. El director de 500 Days of Summer. URGH. Llamamos a Bendis guionista de un Spider-Man que anda en otro universo, es quinceañero, no tiene telarañas orgánicas, jamás avanza de curso y sobre todo y lo más importante… NO TIENE NOVIA (bueno, sí que tiene, pero ya anda por la tercera, no sé si me entienden…). Porque cada vez que Spider-Man consigue pareja, alguien intenta empezarlo oooooooooootra vez toooooooooooodo desde cero (ahora optan por cortar antes de llegar a un compromiso que necesite un relanzamiento).

Al igual que ocurrió hace poco en los comics,
a pesar de que el matrimonio que tenía el personaje era tremendamente interesante después de lustros de tedio y horror, el editor deseaba que Peter Parker morconeara por doquier, trabajase para un periódico y que tuviese otra vez problemas económicos. Como el protagonista de Búscate la Vida (¿la recuerdan?), vamos. Aunque esta vez a parte de que no conozco ni he leído a nadie que deseara ese relanzamiento, el editor y una amalgama de guionistas decidieron que Mefisto, la versión Marvel del diablo (versión Marvel que consiste en ponerle abdominales) reiniciase el continuo espacio tiempo y que deshiciese los hechos que quisiera a su antojo. Gente muerta revivió, han desaparecido aventuras completas pero el tiempo transcurrido para los personajes afectados es el mismo y que por supuesto su matrimonio jamás ha existido. Para eso ya estaba el Spider-Man del otro universo, dirán, dijeron y dicen algunos. “Fue un mago” que respondían en los Simpsons en aquel divertido capítulo en el que salía Lucy sin ley o Lucy Lawless que la llaman en su casa… En fin.

Pues nada. Venga con la burra al río.

PD
Según la última ficha que leí sobre Spider-Man en un comic, el señorito es capaz de levantar “20 tons under optimal conditions”. Entonces, me quieren explicar por qué en Spider-Man 2, éste pierde los poderes cada vez que le arrea puñetazos con todas sus ganas (cómo da alaridos el condenado) al rostro del Dr. Octopus. Dr. Octupus que no cuenta entre sus superpoderes con una super-cara. Puestos a arreglar algo para las nuevas películas que empiecen con eso.

El hombre picado de viruelas.

mayo 8, 2009

Me comentan que en el nuevo reality de la cadena Cuatro, perdidos en la tribu, una serie de familias tendrán que adaptarse a las costumbres de una tribu africana. Cada familia irá con una tribu distinta, cada tribu tendrá distintas costumbres, así pues en principio parece que cuenta mucho la tribu que te toque. Todo esto dura unos 21 días si no recuerdo mal y el premio consiste en un puñado de euros a repartir con todas las familias que logren el objetivo. En fin, resulta que uno de los jefes les está explicando a su familia correspondiente lo que tendrán que hacer para que los consideren uno más de la tribu y, agárrense, que si no lo consiguen llevarán el deshonor a su país.
Aún me río cada vez que lo recuerdo… Deshonor, España, concursante de reality español. No cuadra, la verdad.

Todo esto me da que pensar sobre lo tremendamente importante que es el honor en otras culturas y acudo al significado de la palabra: Cualidad moral que lleva al cumplimiento de los propios deberes respecto del prójimo y de uno mismo. Una definición tan bien hecha que jode. Pero… qué es la moral: Perteneciente o relativo a las acciones o caracteres de las personas, desde el punto de vista de la bondad o malicia.

Ahora que está claro qué significa, podemos comprender que el líder de aquella tribu considera que un gañapapas y su familia nos representan al igual que un enviado de su tribu los representaría a ellos en nuestro país (hay que tener en cuenta que ellos son unos 20…). Y podemos enfocar esto de dos maneras distintas:
1.- Debería darnos vergüenza perder el honor de una manera tan sencilla ante unas personas que viven en equilibrio con la naturaleza, y que no cambian sus atuendos tradicionales porque a las niñas les apetezca enseñar más carnaza. Admirable, sin duda.
2.- Deberíamos jugar a ser ingleses, colonizarlos y enseñarles un libro de historia de España. Proceso largo, tedioso y desagradecido cuyo fin sería la comprensión por parte de ellos de que España perdió el honor hace siglos. Pasando por ejemplo por Don Quijote donde se ridiculiza el honor llevado al extremo.

Por pragmatismo escogemos la opción número uno. Pero claro, para que España sienta la vergüenza y el deshonor provenientes del fracaso con aquella tribu necesitaríamos saber si tiene claro qué es la moral y necesitaríamos también estar seguros de que no la confunde con lo políticamente correcto. Y asimismo es necesario conocer qué actitudes o comportamientos concretos constituyen el honor. Y si éste es común a todos los pueblos. Supongo que empezarán a darse cuenta de la complejidad del temita de marras. Para resumir diremos que el honor queda recogido en la Declaración Universal de Derechos Humanos, lo cual nos hace comprender inmediatamente lo mucho que ha cambiado el código del honor desde, por ejemplo, la Edad Media.

De cualquier modo, la manera en que estoy escribiendo esto puede dar a entender que no me gusta el concepto de honor en la actualidad y que añoro el de una época que no viví, por ir contracorriente y por parecer friki y un tocapelotas. Y no es mi intención, lo que deseo en realidad es defecar sobre la corrección política endémica de nuestro país. Acudimos a wikipedia:
La corrección política o lo políticamente correcto es un término utilizado para describir lenguaje, ideas, políticas o comportamientos que se considera que buscan minimizar las ofensas a grupos étnicos, culturales o religiosos. El término se usa también en un sentido más amplio para describir la afiliación con la ortodoxia política o cultural. En forma similar, el término políticamente incorrecto describe a aquello que podría causar ofensa o ser rechazado por la ortodoxia.
El término y su uso es altamente polémico. Suele utilizarse con un significado peyorativo o irónico por quienes expresan preocupación porque el discurso público, la ciencia o los ámbitos académicos puedan estar dominados por puntos de vista excesivamente acríticos con determinado postulado.

(El último párrafo de la definición me tiene calado). En definitiva, este texto trata o bien sobre lo poco que me gusta que ya no se pueda mandar a alguien a tomar por culo sin mirarle antes con detalle la pigmentación, las parafilias o las gónadas y que el honor debería incitarnos a hacerlo de todas formas, o bien es una excusa exageradamente larga para subir un dibujo de sagrav. Sea cual sea, me quedo con la definición de honor que da el guionista de Asa el Ejecutor, Kazuo Koike, en su capítulo 34:
Jirobe Sanoya, vivía en Otenma-Cho, era propietario de una agencia de colocación y, en aquel momento, tenía 47 años, la mejor edad en la vida de un hombre.
Feo de nacimiento, las huellas que la viruela había dejado en su cara le hacían parecer aún más grotesco. Le llamaban Jirobre, “el viruelas” y, debido a su aspecto, ninguna mujer se había querido casar con él.
Se decía que, en otro tiempo, había sido samurai en alguna región del este… Lo que sí era cierto era que dominaba a la perfección el arte de la espada. Todos los que fueron asesinados por él, murieron de un solo tajo.
La mujer de la que Jirobe se había enamorado por primera vez en la vida no era una buena mujer. Por detrás de él, el resto de prostitutas también le vilipendiaban y le llamaban “monstruo”. Es natural que Jirobe, finalmente, montara en cólera y su furia explotara.
– ¡Quiero hablar con ese señor picado de viruelas!
– ¿Qué? ¿Qué has dicho? Villano… ¿Quién eres?
– Soy Asaemon Yamada.
– Así que tú eres… El famoso Asa, el ejecutor. ¿Y tú siendo un samurai, insultas a un hombre llamándole “picado de viruelas”? ¿Cómo te atreves a despreciar a alguien juzgándole sólo por su aspecto…?
(Inserten mentalmente el dibujo del encabezado)
– ¿Acaso tienes también el corazón picado de viruelas? Sólo existe una palabra que pueda enfurecer a un samurai: la palabra: “cobarde”. Un actor puede enfadarse cuando le llaman “feo”, un samurai, no.

O bien se quedan ustedes con uno de los primeros monólogos de la serie Seinfeld dónde se ríe del gesto arbitrario y la ofensa que supone que alguien te saque el dedo corazón, valorando positivamente que se lo currara y te sacase un pie, por ejemplo. No se confundan, que he visto muchas películas sobre lo miserable que hizo algunas vidas el código del bushido y soy consciente de que hubo una época en España en la que no marcarle la cara a una mujer era un deshonor. Bueno, lo dejo ya.