Poetas: Benjamín Prado

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Texto: Inma Rodríguez


Tuve la suerte de conocer a Benjamín Prado (Madrid, 1961) en la Feria del libro de Sevilla de 2007. Sabina presentaba su libro A vuelta de correo. Él parecía encantado de estar en un segundo plano, pensando seguramente que muchos de los allí presentes habían ido a ver a Sabina y no a él, que tal vez la mayoría nunca hubiera leído un poema suyo y que, a lo sumo, alguno sabría de oídas que, por lo visto, aquel tipo tan alto, tan delgado y de apariencia tan dócil y bonachona era un poeta. Supongo que, en parte para matar el tiempo al final del recital, dado que la hilera de fieles sabineros a la espera de un autógrafo o una foto rodeaba el recinto, acabamos charlando como quince minutos, en los que yo tuve la suerte de recibir casi una clase magistral de poesía del que es para mí uno de los escritores más divinamente humildes del panorama literario actual.

Desde su primer libro de poemas, Un caso sencillo (1986) hasta Marea humana, que vio la luz el año pasado, la poesía de Benjamín Prado sigue una línea ascendente de depuración que fusiona la profundidad y la sencillez, y el significado con el ritmo y la musicalidad. Se declara un lector fiel a escritores como Lorca o Verlaine, muchas veces ha hablado de su necesidad de escuchar a músicos tan líricos como Cohen o su admirado Dylan mientras escribe y, sobre todo, nunca ha dejado de declarar el profundísimo respeto que siente por la palabra bien dicha. Por lo mismo, para él escribir es oficio y entrenamiento, y no talento espontáneo, y cada poema se convierte en un campo de batalla donde el resultado pasa por pelear cada adjetivo, cada pausa, hasta conseguir una precisión que no se quede en la descripción de la realidad, sino que logre aumentarla, multiplicarla, llenarla de matices.

Incluso en su obra en prosa, donde Benjamín parece haberse detenido más en los últimos años, está reflejada esa idea constante del escribir para descifrar el misterio de las cosas, de la historia de los demás o de la nuestra. Son novelas donde el pasado es algo que hay que desentrañar, que volver a revisar. Como en la poesía, se trata de contar algo que puede que se haya tratado de decir mil veces, pero nunca se ha contado del todo.

Todos nosotros (1998) es en buena parte un libro de reflexiones sobre la propia experiencia, sobre la necesidad que supone sentarse a mirar el panorama cuando la felicidad ha pasado un poco de largo, o cuando nunca estuvo, o cuando hay un remanso entre desencanto y desencanto. Y atreverse a escribir sobre eso. La poesía no siempre es memoria voluntaria, sino recuerdo que nos asalta queramos o no, y al que hay que saber enfrentarse. Es un libro sobre la fe en darle palabra al dolor en forma de versos.

Los quince minutos de charla dieron para mucho. Me contó entre risas cosas como que los poetas son los tipos más aburridos del mundo, o que no había que caer en el error de tomarse demasiado en serio a uno mismo mucho tiempo. Y me regaló una de tantas sentencias de su (y mi) adorado Ángel González, a colación de la valentía que supone enfrentarse a uno mismo en un poema: “Un hombre nunca sabe qué pasado le espera”. También me regaló un pensamiento suyo, tan apacible y natural como él mismo, que me pareció de una generosidad tremenda: “Espero que mis poemas sirvan un poco al que los lee, y conseguir, aunque sea de vez en cuando, darle a lo inabarcable el tamaño de lo comprensible”.

 

Roto

Solo, en medio de todo;
estar tan solo
como es posible,
mientras ellos vienen
muy despacio,
se agrupan,
ponen su campamento,
invaden,
talan,
hunden,
derriban las palabras
una a una,
se reparten mi vida,
poco a poco,
levantan su pared
golpe a golpe.

Después se van;
se marchan
lentamente,
pensando:
-Nunca podrás huir de todo lo que has perdido.

Tal vez tengan razón.
Tal vez es cierto.

Pero llega otro día,
el cielo quema
su cera azul encima de las casas;
yo regreso de todo lo que han roto,
busco entre lo que tiene
su propia luz,
encuentro
la mirada del hombre que ha soplado unas velas,
el limón que jamás es parte de la noche;
ato,
pongo de pie,
reúno los fragmentos,
me convierto en su suma.

Y todo vuelve
otra vez;
las palabras
llegan donde yo estoy;
son las palabras
perfectas,
las que tienen
mi propia forma,
ocupan cada hueco
y cierran cada herida.
Las palabras que valen para hacer estos versos
y sentarse a esperar que regresen los bárbaros.

De Todos nosotros, 1998

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Una respuesta to “Poetas: Benjamín Prado”

  1. Alfred Says:

    El único libro que le he leído la verdad es que me gustó bastante.

    Vale, era el de “Romper una canción”, sobre su experiencia como coautor de las letras del último disco de Sabina, “Vinagre y rosas”, pero… uh… cuenta, ¿no?

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