Daily sagrav II

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Hace un par de días, como último trámite de una mudanza acudí a recoger la bici. Llevaba  más de dos años sin usarla y su destino iba a ser una columna del garaje de mi padre. Tenía pensado llevarla empujando porque me daba una pereza enorme intentar ponerla a punto. Tras entregar las llaves, al fin, en cuanto doy dos pasos me resulta evidente que con las ruedas desinfladas va a ser un porculo empujar la bici por media ciudad. No va a ser un paseo agradable, vaya. Así que me acerco a una gasolinera a darle un chute a las cámaras de aire. Y entonces sucede, los puñeteros tapones están cerrados a cal y canto. No tengo manera de girarlos y eso me mosquea, me pica y por mis santos pendientes reales que los abro yo. Cuando me quiero dar cuenta estoy montado pedaleando.

De repente dejo de ser una persona y lo hago todo de instinto. Todo está en su sitio y parece que fuera ayer cuando volvía de trabajar de madrugada montado en ella. Parece que fuera ayer cuando esquivaba botellas vacías lanzadas desde los coches los jueves y los viernes. Parece que fuera ayer cuando el ruso que estaba dándole una paliza a su mujer me perseguía como un demonio tras entrometerme. Parece que no hace nada de tiempo desde que los universitarios y sus normas viales me hacían sudar frío. ¿Cómo puede ser que eche todo eso de menos? El freno delantero que cada vez que se usa hay que reajustarlo para que no roce, el trasero que simplemente no funciona, el pedal derecho de aluminio porque rompí muchos  al arrancar, recubierto de cartones y cinta aislante para que no me corte las suelas de las botas y para que no se note que es un señor pedal. Me siento vivo, me sentía vivo con aquella lucha. Lo añoro y durante el trayecto imagino que estoy de nuevo allí.

No soporto el carril bici, cuando yo iba a la guerra aún no existía. Necesito las carreteras y la libertad, el cuello como espejo retrovisor. Los insultos de los conductores son ahora insultos de los peatones  (mi silbido de “apartarse que voy” no ayuda) y esa mierda de suelo verde no tiene agarre. Me salgo, ya no puedo ir por las aceras y parece que me esté cagando sobre la cena de nochebuena. Todo el mundo me mira rarísimo. Una bici fuera del carril bici… Satán.

Ahora la cojo todos los días y me doy un paseo. Es el mejor momento del día, sin duda. Mientras busco alguna emoción que me haga sentir en Vietnam de nuevo, ayer llegué a una fuente que hay bajo la estación de Santa Justa. Es un parque que huele a chaperos y a jeringuillas. Está tan solo que me siento cómodo y allí me paro a reposar y a respirar. Estoy contento, me siento sonreir y decido, siguiendo el consejo de Claudia (una optimista profesional) que debo recordar esta sensación y agarrarla fuerte. Voy a hacerme una foto para ver como es estar contento cuando tenga alguna duda.

Vale, quizás con el tiempo y a base de insistir…

Ayer por la noche tuve que afrontar algo que no me apetecía nada. Supongo que ya lo notaba en los huesos.

PD: Efectivamente, la chaqueta me está un poco grande y llevo los pelos de bici.

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2 comentarios to “Daily sagrav II”

  1. Kalitro Says:

    Le ha faltado que lloviese, para que fuese como un bautismo.

  2. grendelsagrav Says:

    Debería ser una agonía.
    Debería ser una masa de músculos doloridos, rotos, incapaces de moverse.
    Y sin dudaa lo sería, si fuera un viejo…
    … Pero vuelvo a tener 30… 20 años.
    La lluvia en mi pecho es como un bautismo…
    He vuelto a nacer…

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