John Constantine

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Conforme envejezco inevitablemente voy endureciendo la experiencia, cada vez lidio mejor con los problemas las papeletas y la mala uva del personal. Pero cuanto mejor lo hago, más cedo hacia una manera distinta de resolver las cosas, una manera que no es la mía. Cambio pasión por efectividad. Improvisación por prevención.

Sin embargo no nos alimentamos de razón, sino de pasiones, de lujuria. De rabia. Aún así, en la sociedad todas las señales nos indican que de esta manera obtendremos únicamente problemas. Abundan historias sobre gente que golpea mortalmente una vez (normalmente por primera vez en su vida) a alguien que lo merecía y termina pagando con una condena ejemplar. Todos las escuchamos, son tan aleccionadoras como las zarandajas que contaba mi abuela sobre un niño que se había muerto atragantado con un plástico cada vez que me veía comerme unos donuts. Aunque las de mi abuela eran evidentemente mentira. Mientras, el telediario nos narra historias sobre gente miserable que golpea cuanto le place, mortalmente o no y terminan pagando una condena que provoca carcajadas.

¿Por qué está escrito en el aire que la justicia es tremendamente injusta? ¿Por qué hay esa sensación cuando debería ser la contraria? Todo está montado para atenazarnos y cuanto más hago lo que debo y no lo que quiero, mejor me va y más muerto estoy por dentro. Empiezo a acercarme a esa visión que tengo de los adultos. Esa derrota moral, esa caída de brazos del alma que es el factor común de las personas que conozco con más de 40 años. No quiero ser así. No quiero rendirme. Ni desterrar mis sueños. No quiero conformarme. No quiero decir “ya pasará”, “da igual” o “no tiene tanta importancia”.

Pero lo cierto es que cuanta más experiencia, más listo y cuanto más listo, más previsor. Es inevitable. ¿Me estoy haciendo adulto tenga la edad que tenga? Ya ni siquiera me importa lo mal que me hicieron mis padres. Me acepto. Debería acostarme, en eso estoy pensando ahora mismo, mañana no estaré tan rebelde. Qué asco.

En la ilustración, John Constantine demostrando que aunque sea un bastardo persigue sus metas con una determinación sobrehumana y mucha inteligencia. Demostrando que da igual que seas bueno o malo, lo único que hacemos todos es buscar lo que queremos. Por cierto, por avatares del destino miss Alcott apareció a tiempo de indicarle al señor sagrav lo muy-mucho que le gustaba el boceto, así que subimos esa versión.

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2 comentarios to “John Constantine”

  1. missalcott Says:

    Muchas gracias al señor Sagrav por tener en cuenta mi opinión.
    Al señor Scuba, siento que se lo tome usted tan mal, la vida es injusta pero es así, ni más ni menos. Y no se preocupe por envejecer si eso le permite ser un poco más feliz, aunque sólo sea un poco merece la pena. Dado que el Zar va a pasar de su chantaje, me alegro por sus vecinos porque van a ver reducirse considerablemente la población de ratas asquerosas del aire; aún así, no pierda usted la esperanza, quizá algún día alguien le pueda regalar un plasma (siempre por supuesto a cambio de algo jugoso…).
    Hasta otra.

  2. scubadriver Says:

    No, si yo no me lo tomo mal. Ese es el problema, que cada vez me importa menos y eso sí es lo que me molesta, me he explicado fatal, está claro.
    Pues el Zar no pasará si dibujo una cruz con cadáveres ensangrentados de ratas del aire.
    ¿Algo jugoso como un Happy Meal?

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